Un domingo en Budapest
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El museo consiste básicamente en vídeos y fotos de personas que narran sus estremecedoras historias y como fueron perdiendo a familiares y seres queridos, como vivieron encarcelados durante años y los que tuvieron la desgracia de vivir en su propia piel los temidos campos de concentración. Cicatrices que nunca se curaron y aunque tuvieron la suerte de conservar sus vidas (¡vaya frase!), han tenido que vivir con ello para siempre.
Una mujer cuenta como se llevaron a su marido y lo mandaron ejecutar por dedicarse a negocios en el “mercado negro”. Tras su muerte accedió a casarse con un hombre que le llevo a Australia junto a su hija. 38 años más tarde su hija se enteró de la verdad.

Otro hombre cuenta cómo vivió, bajo unas condiciones infrahumanas, en un campo de concentración y como cada mañana recorría los cadáveres puestos en fila sobre el suelo para reconocer a algún conocido.
Y así innumerables testimonios desgarradores.
Salimos del museo con un cuerpo “jotero” por la rabia de pensar: ¿no hemos aprendido de nuestros errores que tenemos que volver a caer en ello?
Vamos comentando nuestras impresiones mientras seguimos recorriendo la avenida Andrassy, con imponentes edificios a ambos lados de la calle que hoy en día tienen un aspecto decadente y muchos de ellos se ven abandonados.

Esta calle desemboca en la plaza de los Héroes y aquí se encuentra nuestro siguiente objetivo: disfrutar unas horas de los baños termales de Széchenyi. Budapest es una ciudad con muchos baños termales a precios muy asequibles y debe ser un uno fijo en vuestro viaje a la capital húngara.


Pero cuál es nuestra sorpresa que nos encontramos un precioso parque, con un lago con barquitas y un impresionante castillo de fondo. Además, como es domingo, hay puestos de tiendas y comida callejera rodeando al castillo. ¡Un ambientazo!


Nos quedaríamos gustosos viviendo el ambiente dominguero pero lo primero es lo primero. Nos dirigimos a los baños para sumergirnos en aguas calientes. Hay piscinas tanto cubiertas como al aire libre y puesto que hace muy buen día, el calor de las aguas se lleva mejor en el exterior. Nos relajamos dentro de lo posible ya que hay mucha gente y las palabras “silencio y relax” no están en su vocabulario. De hecho se escuchan todos los idiomas posibles…

¡Ahora sí! Después de tener el body arrugado, decidimos salir y llenar nuestros estómagos en uno de los chiringuitos del parque. ¿He dicho que el ambiente es increíble?


Yo del museo del terror ni me entere que existía….
Ese castillo junto al lago no lo conocí. Es precioso. Queda para la próxima.
Las historias del Holocausto son sencillamente terribles. Es tan increíble lo que ocurrió, que no me extrañaría nada que generaciones futuras lleguen a pensar que todo fue una exageración. Es difícil entender tanta maldad.
Mirad si somos antiguos, que cuando fuimos a Budapest y Praga, lo hicimos en coche y todavía eran comunistas….
Petonets.